PELIGRO ¡¡ESTRÉS!!

Levantarte. Prepararte un café. Vestirte con la camisa del revés. Peinarte. Que se te derrame el café que te preparaste. Cambiarte la camisa. Limpiar el suelo. Preparar la comida que tienes que llevarte. ¡Oh Dios, ya son las 08.00! Coger las llaves del coche, ¿dónde las puse? Salir corriendo al trabajo. Mierda, tráfico. Llegar tarde al trabajo y que la primera frase que escuches en el día sea una perla de tu jefe. Preparar montañas de papeles atrasados. Necesitar un descanso a las 08.30. No tenerlo. Aguantarte hasta las 12.00 y trabajar mientras tanto. Darte cuenta que te dejaste el tupper en casa ¡mierda! Salir del trabajo. Llegar a casa de mal humor. Comer. Fregar. Recoger la lavadora. Tender. Dejarte la merienda preparada para cuando llegues del gimnasio. Terminar papeleo pendiente que no acabaste en el trabajo… ¡¡¡¡¡¡¡¡¡STOP!!!!!!!!!

Seguramente te haya entrado dolor de cabeza con solo leer el primer párrafo imaginando que esa es tu vida un día cualquiera. Cambiando dos cosas, esa es la vida de prácticamente todo el mundo, y ya si tienes hijos, duplica ese párrafo y date por agotada.

Definitivamente, no estamos preparados para este ritmo frenético. Ni tú, ni yo, ni nadie. Evolutivamente estamos diseñados para soportar el estrés en pequeñas dosis: un tigre nos persigue, corro, fin del peligro.

Actualmente no existe un solo día que no estemos expuestos a algún tipo de amenaza, o mejor dicho, a lo que creemos que es una amenaza pero que realmente, no lo es. Que el coche se estropee, que te despidan, que suspendas por tercera vez esa asignatura que te persigue desde 1º de carrera, que no encuentres trabajo o que te hayan robado el bolso, no son amenazas para tu existencia.

El cuerpo se acelera, se sofoca, se altera, sale de sus ritmos constantes porque cree estar en continua situación de peligro. Va con prisas a todas partes y a pesar de eso, nunca es suficiente, siempre hay cosas que no se hacen a tiempo, siempre hay llamadas que se olvidan, siempre hay atascos, siempre hay algo que no sale según lo previsto, siempre hay cosas urgentes que hacen que nos olvidemos de lo que realmente importa.

¿Y sabes qué? Siempre será así. De hecho siempre ha sido así, pero hoy en día tenemos la dichosa necesidad de llegar a todo, a costa de lo que sea. Nuestro humor, nuestro tiempo, nuestra salud, lo que sea con tal de hacer todo todito lo que tienes apuntado en la agenda.

Aparecen las noches de dormir fatal y de no descansar, y las mañanas de retrasar el despertador. Aparecen las ganas de no desayunar más que un café y las ansiedades por dulce a las 20.00 pm. Aparecen las intolerancias a alimentos, las inflamaciones, los problemas cutáneos, los síndromes de todo tipo, la ansiedad, la depresión… Aparecen tantas cosas que te harían preferir al tigre persiguiéndote…

Es duro aceptar que la mayoría de enfermedades actualmente existentes, las ha creado este ritmo huracanado que estamos obligados a seguir si queremos seguir montados en el barco. Estar todo el día en línea, siempre disponibles y a la carga para solucionar cualquier adversidad que se presente, no es precisamente la solución a nada, ni siquiera a tu vida.

¿Sabes que tienes que hacer? PÁRATE. Si tienes que suspender, suspende. Si tienes que llegar tarde, házlo. Deja el coche aparcado y ve andando, ¡muévete más! No te preocupes si no llevas ese trabajo acabado, recuerda: no es una amenaza real. A veces vas a ganar y a veces vas a perder ¿y qué mas da? Que aburrido ganar siempre. Relájate. Medita, por favor. Disfruta de una ducha caliente y tómate el café con calma, sin que se derrame. Vístete despacio y recuérdate cada mañana lo guapa que te has levantado. Sal con una sonrisa, y si al cabo de diez pasos se te ha borrado, párate de nuevo y vuelve a sonreír… Pero por favor para. Para cuando creas que lo necesitas y mira atrás ¿hay algún tigre?

 

Sed felices,

María

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