LAS 4 (+1) BOFETADAS QUE ME DIO LA MATERNIDAD

La maternidad me está dando las mayores bofetadas de mi vida. Realmente nunca me han dado una bofetada física, pero me temo que la sensación debe ser bastante parecida a algunas de las circunstancias vividas a lo largo de mi corta carrera como madre. Prepárate un café/té calentito (hoy hace frío) y siéntate un rato a leerme.

Seguramente, todas hemos juzgado alguna vez a una madre: a esa que no le reñía a su hijo porque corría por medio de las mesas del restaurante, a la que tenía un bebé en brazos llorando y no hacía nada porque dejara de llorar, a la que lo lleva fresco en invierno o con una manguita de más en verano… Situaciones absurdas en las que nos hemos visto con el derecho a opinar y de las que no teníamos ni idea.

Así nos han diseñado. Tenemos instalado en nuestras mentes un software que nos dota de un ego de la hostia pero que ha mandado la empatía a tomar viento. Y jolín, qué cierto es que a veces hay que ponerse los zapatos de otra persona para poder entender el camino que decidió seguir.

Venga va, voy a ser valiente y sincera: sí, yo he juzgado a algunas madres cuando he visto que lo que hacían no entraba dentro de mis cánones de madre súper perfecta.

Y ahora <suspiro>, ahora entiendo que la perfección es la peor meta a perseguir cuando eres mamá.

Puedes querer hacer perfecto un trabajo de ciencias en el instituto, o un cuadro realista, un examen de matemáticas o un guiso de pollo, da igual, lo que sea. Puedes querer hacer perfectas muchas cosas, pero no quieras ser una madre perfecta, porque amiga, vas a rozar niveles altos de frustración, culpa, miedos e inseguridades.

Escribir sobre la maternidad es todo un desafío. Antes de que naciera Luna recuerdo pasarme horas leyendo blogs sobre maternidad y crianza. Parecía fácil. De hecho todo me parecía exagerado. La intensidad con la que escribían muchas madres me sonaba un poco a papel de película de Almodóvar. Ahora entiendo que sentarte delante de un documento en blanco de Word a hablar de algo tan grande como la maternidad, es menos sencillo de lo que parece. Tantas cosas que transmitir y tantas emociones por sacar a flote…

Cuando estás embarazada te preocupa la cantidad de ropa que llevarás al hospital para el bebé, el carrito que vas a comprar y hasta te pasas tardes enteras leyendo en foros sobre que detergente es mejor para lavar su ropita. La putada es que nadie nos obligue a leer sobre las bofetadas que nos da la maternidad, por supuesto totalmente individuales y exclusivas de cada madre. A cada una nos las dan de un tipo, pero al final, a todas nos llegan a lo más profundo del mismo sitio.

1ª. “¿Pérdida de identidad? Nah, bobadas.”

Esta fue la mayor bofetada. Me llevaría páginas y páginas escribiendo y contando lo que supuso darme cuenta de que una parte muy profunda de mí había muerto para siempre. Que sí, que suena a melodrama del barato, pero te aseguro que en la mayoría de casos, la sensación de sentirse perdida, sola y desconocida es tan real como que estás ahora leyendo esto.

Dar paso a una nueva María, a alguien que no conocía, alguien nuevo que ahora tenía otras prioridades, otras inquietudes y hasta otros gustos si me apuras, no fue, no ha sido y no está siendo nada fácil.

Es sentirte fuera de ti, ver tus fotos y des-conocerte. Sientes que alguien ha metido las narices en tu corazón y lo ha registrado sin pedirte permiso. Estás cansada, agotada, dolorida y sin embargo sabes que tienes que volver a reencontrarte y reconstruirte desde las entrañas. Por ti y ahora también por ellos: renacer de las cenizas para devolverle el brillo a tus ojos y no con lágrimas precisamente.

2ª. “Seguiré con mi vida normal. Mi hija no me impedirá hacer nada de lo que hago ahora.”

Recuerdo un día que discutía con una madre de dos niños sobre el tema. Ella decía que viajar le daba muchísima pereza desde que era madre. Yo, con un ego aplastante, le dije que eso era un problema de actitud, que yo no entendía que ser madre pudiese paralizarla a la hora de hacer viajes, que yo adoraba viajar y que seguiría haciéndolo aún más cuando fuese madre. Tan difícil no sería viajar con un bebé, ¿no? Qué exagerada la gente…

Viajar con tus hijos es precioso, ir a la playa con tus hijos es precioso, ir a almorzar con tus hijos es precioso, todo es precioso y todo recobra una ilusión especial cuando ves a tus hijos disfrutar. Pero no nos engañemos, NO sigues con tu vida normal después de ser madre. Y ojo, no generalizo, la maternidad es tan personal que asusta. Cada madre lleva las cosas de un modo, eso es indiscutible, pero en mi caso particular no he conseguido ni siquiera una vida parecida a la de antes.

Que nadie se me asuste, no es que tener hijos te impida hacer nada, pero la realidad es que hacer cualquier cosa cotidiana cuesta mucho más cuando el cansancio aprieta y hay que llevar 37 bolsas para salir un ratito de casa.

3ª. “Jamás me dejaré como mujer, soy muchas más cosas antes que madre”.

Estuve todo el embarazo haciendo ejercicio (te cuento un poco más aquí) y pretendía retomarlo lo antes posible. Me compré 5-6 jerseys nuevos para cuando mi barriguita volviera a su ser. Algún pintalabios nuevo y un bolso grande precioso para todos los “porsiacaso” que se llevan encima cuando eres madre.

Ilusa yo.

La realidad es que me pasé bastantes meses con un moño despeinado en mi cabeza y un par de jerseys viejos que iba alternando.

Siempre iba oliendo a leche y tener que sacarme la teta a cada rato hacía incomodo vestirme más de la cuenta. Iba a lo cómodo, sin calentarme la cabeza si no era por una razón de peso. Arreglarme, sentirme y verme guapa dejaron de ser mi prioridad durante una buena temporada.

Nota: He vuelto a aficionarme a pintarme los labios de rojo, a alisarme el pelo y a conjuntar la ropa que uso ¡qué genial me sienta verme bien!

4ª. “¿Qué será la famosa culpa de la que hablan todas las madres?”.

Llegué a preguntárselo a mi madre. No entró en mucho detalle, pero me dijo que sabría perfectamente reconocer la sensación desde la misma noche en que durmiera con mi hija por primera vez. Qué sabias las madres joder, son diosas del olimpo.

Culpa por sentirte triste. Culpa por echarte de menos. Culpa por recordar tu vida antes de ser madre. Culpa por necesitar una hora a solas. Culpa por llorar de cansancio. Culpa por no hacerlo mejor. Culpa cuando llora y no sabes por qué. Culpa cuando duerme, la miras y suspiras, acordándote de cuando eras tú la que dormías. Culpa porque quizás ese llanto es por algo que no estás haciendo bien.

Culpa, culpa, culpa… Las que seáis mamá sabéis de lo que hablo ¿verdad?

BONUS TRACK

“Mi hija no verá una pantalla hasta los 54 años”.

Venga va, esta es una bofetada chorra. Ojalá todas las bofetadas que recibamos sean como ésta, pero me parecía divertida incluirla, porque sí, también he tenido que tragarme mis palabras.

Me parecía horrible, y realmente me sigue pareciendo, ver como las pantallas se han convertido en comodines para relajar ambientes tensos entre padres-bebé. He de reconocer que yo en mi caso solo uso televisión/móvil si la cosa se pone muy fea, en dos ocasiones básicamente: cuando hay que cambiar un pañal que rebosa caca y mi hija decide ponerse a gatear esparciendo toda la sustancia mientras la cambio o cuando el trayecto en coche se torna más largo de la cuenta y el llanto me genera una ansiedad importante.

Yo era de las que decía que jamás de los jamases mi bebé vería una pantalla antes de los 2 años y que lo alargaría todo lo que pudiese. Sigo pensando igual pero con la flexibilidad que estoy aprendiendo a abrazar. Si un día puntual en un momento y unas circunstancias concretas tengo que recurrir a la vaca Lola, al lorito Pepe o al gallo Bartolito, pues mira, cosas más graves hay en esta ardua tarea de ser mamá.

 

Feliz semana,

María

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