CÓMO CURO MIS RESFRIADOS SIN MEDICAMENTOS

Por suerte, y toco madera, desde que comencé con este estilo de alimentación, los constantes resfriados desaparecieron casi por arte de magia. Yo, tan propensa a faringitis, placas en la garganta y hasta bronquitis, temía coger una pizca de frío al salir del gimnasio porque sabía que a los pocos días me esperarían unas jodidas molestias que al final acabarían en cajas de medicamentos varios, incluidos antibióticos, antiinflamatorios, antiexpectorantes, antihistamínicos, antitusivos y algún que otro ‘anti’ más.

Aún recuerdo la última vez que tomé antibióticos: enero de hace ya tres años. Fue precisamente la última vez que me comí una pizza de mi sitio favorito, llegué de un partido de padel con un dolor de garganta horrible y un hambre que daba calambre. Mis padres habían comprado unas cajas de pizza en las que casi metí la cara al llegar y de las que no quedaron ni las migas porque así era yo, de las que comía pizza cada semana y hasta reventar si hacia falta.

Paradójicamente, al poco tiempo de esto comencé el libro “Cerebro de Pan” y fue el inicio de mi trayectoria. Un libro algo sensacionalista pero con el poder suficiente de hacerme dudar de todo lo que había estado haciendo hasta el momento. 

En el libro aparecía un largo listado de síntomas que podían estar relacionados con el consumo de gluten, trigo y otros cereales que podrían estar dañando mi sistema digestivo. Pero, ¿qué tiene que ver mi sistema digestivo con que me duela la garganta, con mi tendencia ansiosa o con mis ovarios? La verdad que leer todo eso estaba abriendo ante mi un mundo nuevo del que me enamoraría perdidamente y que más tarde se convertiría en mi estilo de vida.

Comencé a leer, a buscar artículos más científicos y menos sensacionalistas, a investigar por mi cuenta y a relacionar toda la información que estaba encontrando. Efectivamente, algo estaba haciendo mal y mi cuerpo no dejaba de mandarme señales… Ese fue el precioso comienzo de la relación que actualmente mantengo con mi cuerpo. 

Pero a lo que vengo en este artículo es a contarte como sustituí todos esos ‘anti’ cada vez que un amago de resfriado asomaba por mi organismo, cada vez más fuerte y suficiente. Aunque por suerte no he vuelto a coger nada importante que haya requerido de antibióticos, si que he notado en alguna ocasión algún inicio de enfriamiento que con los ingredientes necesarios he conseguido parar a tiempo.

¡OJO! Que quede claro, clarísimo, que si volviese a necesitar antibióticos por cualquier motivo, obviamente los tomaría, eso sí, ahora con mucha mas consciencia que antes. Este artículo no pretende anular la opinión de ningún médico ni de ningún diagnóstico, es simplemente el recopilatorio de remedios naturales que me han salvado a mí en más de una ocasión y que con muchísimo gusto comparto para que nos demos cuenta de que la naturaleza nos da mucho más de lo que creemos.

Este es mi botiquín esencial en cuanto noto ese moquillo caer de mi nariz o ese típico cosquilleo en la garganta que nos anuncia que una inflamación inminente está ocurriendo. Nada más percibir los primeros síntomas comienzo mi ritual anti-resfriados y te prometo que en dos días estoy completamente nueva. Merece la pena invertir en unos cuantos aceites esenciales y un par de suplementos, a la larga sale mucho más barato y los beneficios para nuestro cuerpo son inumerables.

1. Antiinflamatorio natural: Infusión de jengibre, cúrcuma y pimienta

No, no está rico, no te voy a engañar diciéndote lo deliciosa que me parece la cúrcuma con pimienta o lo rico que está el jengibre porque no, ninguno de los dos me gusta. Pero a estas alturas ya habrás oído algo sobre los inmensos beneficios de combinar estos tres elementos. 

Sobre la mezcla de cúrcuma + pimienta ya te hice un post (puedes leerlo aquí), pero en resumidas cuentas este mix casi mágico es un combo antiinflamatorio realmente potente, recomendado incluso en enfermedades degenerativas o autoinmunes debido al estado inflamatorio en el que se desarrollan, y muy efectivo para fortalecer el sistema inmunológico en momentos en los que nuestras defensas no estén pasando por su mejor momento.

El jengibre es un alimento clave en mi alimentación. Si bien lo consumo con bastante asiduidad, cuando noto que mi organismo está más débil de la cuenta lo consumo de dos a tres veces al día para ayudarme a combatir molestias o dolores de garganta debido a sus poderes analgésicos y antiinflamatorios.

Yo lo tomo en forma de infusión y suelo hacerlo para dos veces. Lo ideal es tener un trozo de raíz fresca en casa e ir cortándole trocitos. En un cazo llevar a ebullición el agua con 2-3 trozos de jengibre sin piel. Una vez ha hervido baja un poco el fuego y déjalo durante 10-15 minutos más. Una vez apagado el fuego añado una cucharadita de cúrcuma y media cucharadita de pimienta negra (si tengo en casa la raíz fresca de la cúrcuma la pongo junto al jengibre y luego añado la pimienta negra). Cuando ha reposado 5 minutos le añado una cucharada de aceite de coco y un poco de canela en polvo, también puedes añadir una cucharadita de miel cruda, pero yo me la tomo sin endulzar. Remedio perfecto para calmar el dolor y para reforzar tu sistema inmune.

2. Gárgaras con aceites de menta y orégano

Estos dos aceites son una auténtica MARAVILLA. Son mágicos y los uso para un millón de cosas, tengo pendiente hacer un post hablando sobre ellos de forma más extensa porque se merecen todo el protagonismo del mundo. Son un auténtico tesoro para la salud y combinados son la bomba.

El aceite de menta tiene muchísimas aplicaciones y se caracteriza por su acción antimicrobiana, antiviral y analgésica. Te ayudará muchísimo a calmar los picores y molestias de la zona de la faringe y descongestionará tu sistema respiratorio.

El aceite de orégano es el antibiótico de la naturaleza. No recomiendo nada que no haya probado y de verdad te digo que este aceite esencial es un imprescindible en mi botiquín por la cantidad de usos que tiene. Es un antimicrobiano sin igual, capaz de combatir infecciones persistentes de prácticamente cualquier tipo, tratar hongos en pies y uñas, problemas de piel, parásitos intestinales, sobrecrecimiento bacteriano y un largo etcétera. Creo que te haces una idea de como funciona, ¿verdad?

Yo añado en un culín de agua (unos 30 ml), dos gotas de aceite de menta y una gota de aceite de orégano, muevo bien y me lo meto en la boca a modo de enjuague bucal, lo uso de esta forma y luego acabo con unas gárgaras que luego expulso en el lavabo. Te ayudará a matar bacterias y tendrás un aliento inigualable, eso si, importante, asegúrate de comprar aceites aptos para uso interno.

3. Vapores con aceite de eucalipto

Si estás congestionada o tienes mucha tos hay un truco que nunca falla y que me recuerda mucho a mi infancia. En un cazo con agua caliente (sin que llegue a hervir) y con cuidado de no quemarte añade unas 10 gotas de aceite esencial de eucalipto, cúbrete la cabeza con una toalla y aspira el vapor en varias inhalaciones. Hazlo durante al menos 5 minutos o hasta que empieces a notar mejoría.

Otra cosa que puedes hacer si la tos y la congestión por las noches te resultan muy incómodas es diluir unas 3-4 gotas de este aceite en un aceite portador como aceite de coco, almendras u oliva, y darte masajes en el pecho. Vas a notarlo enseguida y te aseguro que es mucho mejor, natural y barato que la típica crema de las marcas comerciales que intentan imitar este sistema 😉

4. Equinácea, vitamina C y zinc

Este combo de tres es un aliado clave.

La vitamina C y el zinc son dos básicos en mi día a día. Suelo suplementar por temporadas con ambos a lo largo del año, pero nunca fallan en el cajón de mis suplementos por su poder antioxidante y su capacidad de reforzar el sistema inmune. A veces hago algún descanso de ambos pero por norma general los incluyo de forma continua.

Suelo tomar 25 mg de zinc quelado y 1 gramo de vitamina C al día, y cuando noto que mis defensas están resentidas aumento la dosis de vitamina C a 2 gramos, uno por la noche y otro por la mañana en ayunas.

Se ha demostrado también que la equinácea tiene efectos beneficiosos sobre las células del sistema inmune debido a la estimulación que produce en la producción de células T e interferón (proteína que estimula el sistema inmune). Es ideal como tratamiento preventivo una vez que llega el otoño, pero igualmente efectiva si la empiezas a tomar una vez que ya notas los molestos efectos de los resfriados y catarros. Es importante tomarla por periodos y no de manera permanente, si la tomas como tratamiento preventivo, con unas 6-8 semanas será suficiente.

5. Dormir y descansar mucho

Este punto es igual de obvio (e importante) como que la alimentación es el grueso de todo lo que pasa en nuestro cuerpo. Ya puedes tomarte a rajatabla todo lo que acabo de ponerte arriba que si llevas una alimentación nefasta, a duras penas tu cuerpo responderá de la manera correcta. Esto es así y no hay duda alguna.

Dormir y descansar cuando nuestro cuerpo no está bien es más que ESENCIAL. Llevamos una vida en la que no queremos saltarnos nada y eso, amiga, pasa factura. En un mundo donde estamos completamente desconectadas del cuerpo ¿cómo podemos pretender que responda como debe sin necesidad de chutarle medicamentos para todo? Es más fácil tomarse un “Frenadol” y un “Nolotil” que bajar las revoluciones.

No seas exigente contigo misma, cuídate, mímate y regálate tiempo. No pares tu vida porque te duela la garganta pero baja el ritmo y exígete menos. Date un homenaje, duerme una siesta, olvídate del gimnasio o de salir a caminar, ya saldrás cuanto te encuentres mejor. Te aseguro que merece la pena hacerle caso al cuerpo, escucharlo y darle lo que necesita en cada momento si a cambio él te regala un fantástico sistema inmune que no necesite de medicamentos cada dos por tres. 

No me cansaré de decirlo, bendita naturaleza…

 

Sed felices,

María

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