A 2020 LE PIDO APRENDER A “HACER NADA”

No te eches las manos a la cabeza al leer este título. Se que suena un poco extraño, pero te juro que me encantaría que este 2020 me enseñara el arte de “hacer nada”. Pero ¿acaso no es lo más fácil del mundo? Puede que existan personas que sepan hacerlo, yo soy incapaz, y creo que ha llegado el año de aprender.

Con 5 años cogí la varicela. Mi mayor preocupación no fueron aquellas pupitas que picaban un huevo, no. Mi preocupación fue el tiempo que estaría sin ir al colegio y sin hacer los deberes. Adoraba ir al colegio, lo disfrutaba muchísimo y ya desde pequeña me gustaba muchísimo aprender. No es por tirarme flores. Tampoco creo que sea motivo de hacerlo, hay a quien le gusta estudiar y a quien no le gusta, a quien le gusta coser y a quien no.

La cosa es que mi madre, con la mejor intención del mundo, me dijo que esos días los pasaríamos jugando, descansando y “haciendo nada”. ¿Cómo era eso posible? Yo no quería descansar, yo quería hacer mis deberes y seguir con mis responsabilidades.

No sé si ese apego a las responsabilidades se trae de fábrica o es adquirido en base al patrón educativo con el que nos hayan criado, ¿algún/a psicolog@ en la sala que nos aclare la cuestión?

Lo cierto es que hice que mi madre fuese a hablar con la maestra para que, por favor, le diera las fichas que harían durante el tiempo que yo no iba a poder asistir a clase. Me recuerdo en aquella mesilla blanca, sentada en una pequeña butaquita de mimbre, haciendo mis fichas, feliz y satisfecha.

Nadie me ha contado esa historia, la recuerdo por méritos propios y porque realmente fue una situación que de algún modo me hizo sentir incómoda. La realidad es que ha sido así desde entonces.

Durante toda mi vida he estado poniéndome metas que muy pocas veces he dejado a medias. Estudiar una carrera, luego estudiar otra, encontrar un trabajo, tener mi propia casa, crear una familia, no abandonar el deporte, aprender ganchillo, leer equis libros al año, comer bien, ser cada día más sostenible, ser más esto o ser más lo otro.

Por suerte, las cosas importantes ya las he conseguido y, JODER, ¡qué alivio darse cuenta! Eso ayuda a relativizar y a poder soltar carga de la mochila que todos llevamos en la espalda.

Soy de esas personas que no puede estar en el sofá “perdiendo el tiempo”. No sirvo para parar. Mi marido me dice que tengo por mente una máquina a tope de revoluciones de forma permanente. Cuando estamos viendo una serie, paseando o comiendo y le suelto la frase “oye, he estado pensando…”, enseguida me dice que deje de pensar tanto y descanse la máquina. Pero cariño… ¡es que no puedo!

Nunca le había prestado mucha atención a esa pequeña molestia que le produce que no sea capaz de hacer STOP. Pero desde que soy madre soy consciente de que no puedo abarcar todo lo que se le ocurre a mi cerebro terremoto.

Tener 3 horas libres un sábado por la tarde significa que tener 3 horas para poner lavadoras, aspirar la alfombra, ordenar algún cajón, escribir para el blog, trasplantar alguna planta o un millón de cosas de esas de las que siempre hay que hacer en casa. Nunca veo el momento de pasar un rato en el sofá “haciendo nada”.

Es como si me sintiese culpable. Que leches, me siento culpable. Absurdo ¿verdad? Que alguien me diga que no soy la única a la que le pasa…

Así que hace unos días, cuando me preguntaron cuáles eran mis propósitos para el 2020, me quedé pensando unos segundos antes de hacer una interminable lista y fui amable y coherente conmigo misma.

Este año quiero aprender a “hacer nada”. Sin culpas, sin la sensación de estar perdiendo el tiempo, sin autoimponerme cumplir con las tareas del día. Este año quiero soltar responsabilidades, liberarme de la obligación de hacerlo todo al 100%, porque siendo realistas, ser mamá de un bebé de un año ya absorbe mi día al completo, y no quiero vivir frustrada por no tachar cosas de esas listas eternas que escribo en mi cabeza.

Quiero que estar 2 horas tumbada en la alfombra haciendo torres con cubos de madera sea mi mejor distracción. Los años no vuelven y se que llegará el día en el que eche de menos pasarme las tardes enteras jugando y cantándole canciones a mi hija.

2020, no te pido nada en especial, quedarme tal cual estoy sería sin duda el mayor regalo, pero si me das un empujoncito para ayudarme a aprender a “hacer nada”, te estaré eternamente agradecida.

 

Feliz año 2020 a todas y por favor,
aprended conmigo si también lo necesitáis.

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1 comentario

  1. 2020 te ha hecho caso.. a quedarse en casa y a aprender a disfrutar de no hacer nada ha dicho!!
    Y nos has arrastrado a todos con tu deseo.. jajaja
    Un saludo!

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