MIS 5 CAMINOS HACIA EL ‘NO-ESTRÉS’

Si, en ocasiones yo también me estreso, me agobio, me tiro de los pelos y doy vueltas en círculos como pollo sin cabeza. Pese a llevar ya unos años intentando alcanzar la paz interior a toda costa es imposible esquivar al 100% esas situaciones que hacen que mi cabeza se vuelva loca y que acostarme por la noche sea la excusa perfecta para dar vueltas en la cama con los ojos como platos esperando que la solución al problema de turno aparezca casi por arte de magia (sobre todo ahora que se aproxima la etapa más emocionante de mi vida).

En una ocasión ya escribí un artículo sobre el estrés (puedes prepararte un té calentito y pinchar aquí para leerlo).

La realidad es que siempre he sido una persona con mucha tendencia al estrés. Soy muy nerviosa, muy impulsiva, muy inquieta y muy activa, e inevitablemente ser así, pasa factura, porque aunque las circunstancias NO lo requieran, tú te montas tu película mental de que tienes que llegar a todo porque así lo has hecho siempre y así tiene que seguir siendo… Craso error amiga.

No vivo en absoluto como monje budista en medio del monte sagrado, tampoco me gustaría, la verdad. Ir a tomarme un café con amigas o comprarme una(s) camiseta(s) nueva(s) siguen pareciéndome caprichos necesarios para mantener mi mente en calma. Llámame materialista si quieres, pero no me veo viviendo toda mi vida alejada de algunos de los placeres más banales que nos regala la era del consumismo en la que vivimos.

Con esta manía absurda que tiene el ser humano de ponerle nombre a todo, ahora tenemos la slow life, término que sin duda está dándole a más de una empresa para llenarse los bolsillos y que no es más que echar el freno y vivir despacito.

Es difícil, por supuesto, claro que lo es. Pero joder, vivimos con la soga al cuello, tachando días en el calendario sin ser muy conscientes de que la vida no es un vídeo de YouTube que podemos volver a ver cuando acabe. Aquí no hay botón de ‘ver de nuevo’.

Vamos a ser un poquito más conscientes de nuestro propio cuerpo para deshacernos de esos viejos patrones que nos mantienen atadas a este ritmo frenético. Al principio tu mente buscará mil excusas para que sigas ahogada en tu rutina, pero párate a sentir esa presencia que está un poco más atrás y que está siempre ahí esperando que silencies a tu charlatana interior para decirte lo que realmente necesitas.

Aquí te dejo 5 de mis caminos favoritos hacia el ‘no-estrés’. Pueden ir contigo o no, hay tantos caminos como mentes inquietas, pero yo te invito a que pruebes y a que me cuentes los tuyos ¿te parece?

Palo santo y Mala en mano

Mi camino favorito hacia mi interior más profundo sin duda alguna. Me siento en el suelo, con las caderas elevadas sobre unas mantas, a veces frente a una ventana luminosa y otras veces en la más absoluta penumbra en función del estado de ánimo que me acompañe ese día. Enciendo una vela, normalmente blanca, la coloco frente a mí y la uso para prender un palo santo y limpiar el ambiente en el que voy a meditar.

Palo santo significa “madera sagrada” y viene de un árbol de hojas pequeñas típico de América del Sur. Esta madera se usaba (y se sigue usando) en diferentes rituales para la atracción de buenas vibraciones y limpieza de espíritus negativos. Son palitos de madera que se prenden y tienen un olor capaz de facilitarte la meditación. Suele encontrarse sin problemas en herbolarios.

Otra de las cosas que más me ayuda a meditar es usar un mala. Un mala es una especie de rosario budista de 108 cuentas que sirve para llevar la cuenta de un determinado mantra durante la meditación. Hay veces que simplemente me centro en la respiración, observando sin más los pensamientos y dejándolos partir, pero en otras ocasiones en los que me siento más inquieta hago uso de técnicas más específicas como la repetición de mantras en sánscrito o simplemente de alguna frase que en ese momento me apetezca oír como “gracias Universo” o “soy capaz de lo que me proponga”.

Hay días que tardo más en alcanzar un estado de quietud que me permita mantenerme consciente de mi esencia interior, esos días simplemente soy más paciente conmigo misma e invito a mi mente a despejarse con más atención.

Cepillado en seco

Una acción con múltiples beneficios, no sólo físicos, y que me ayuda muchísimo a calmar a mi (maldita) charlatana es el cepillado en seco. Consiste en coger un cepillo de cerdas naturales de buena calidad (importante que sea de cerdas naturales) y tasajear todo el cuerpo en seco, sin humedecer, desde la planta de los pies hacia el corazón, siempre en este sentido.

Escoge un momento en el que sepas que nadie va a molestarte y en el que vayas a disfrutar plenamente de ti misma. Puedes encender unas velas, apagar las luces y ponerte algo de música relajante para potenciar los efectos del masaje. Desnúdate con calma y masajea cada parte de tu cuerpo sintiendo cada centímetro y siendo consciente del espacio entre tu piel y el cepillo. No pienses en nada más, solo en la sensación que te produce sentir ese delicado espacio entre ambos.

Una vez acabes, date una ducha alternando agua fría y caliente y termina embadurnándote con una buena capa de aceite de almendras. La sensación una vez te vistes es de calma absoluta y una conexión brutal contigo misma.

Baño con sales de Epsom

Ya lo he comentado en alguna ocasión: un buen baño a oscuras con sales de Epsom es una verdadera delicia para todos tus sentidos. Realmente un baño a oscuras sin sales de Epsom también lo es, pero si añadimos estas sales a la bañera el poder de relajación es aún mayor, te lo aseguro.

Esta sal se conoce también como sulfato de magnesio, y añadida al agua caliente tiene poder relajante sobre tus músculos, reduciendo la inflamación, aliviando dolores y tensiones acumuladas, mejorando la circulación de todo tu cuerpo y disminuyendo tus niveles de estrés. Además, usadas en mi fase lútea me ayuda muchísimo con el síndrome pre-menstrual gracias al efecto que el magnesio posee sobre nuestro estado hormonal.

Eso si, no tienes obligación de añadirlas para aprovecharte de la agradable sensación de meterte en una bañera con agua calentita. Puedes simplemente agregar unos pétalos de alguna rosa que tengas en casa o algún aceite esencial. Lo importante es que disfrutes de un ratito a solas y tomes consciencia del agua calentita rozando tu piel. Sencillo y 100% efectivo.

Escribirte una carta a ti misma

Seguro que alguna vez has escrito una carta a alguien, y si no lo has hecho, es que eres demasiado joven y te has perdido una parte preciosa de la comunicación. En cualquier caso seguro que nunca te has escrito una carta a ti misma.

Escribir siempre ha sido una de mis maneras favoritas de soltar. Soltar ira, miedos, rabia… Cualquier cosa que tuviera clavada dentro.

No tiene misterio y no hace falta mucho material, un folio en blanco y un boli/lápiz/pluma. Al principio te sientes extraña, ausente y no eres capaz de articular más de una frase sin sentirte un poco tonta. Si te sientes así no fuerces, limítate a escribir palabras sueltas que te vayan llegando a la mente y cuando lleves unas cuantas te darás cuenta que todas te están diciendo algo y podrás sacar tus propias conclusiones. Puede que al principio tu carta solo sean palabras sueltas, pero a medida que pasen los días, si continúas esa carta, irás abriéndote a ti misma y podrás disfrutar del placer que supone dedicarte unas palabras sin ningún tipo de expectativa o exigencia.

No hacer absolutamente nada

La más barata, la que necesita menos material y la más complicada. No se a ti, pero a mi me cuesta horrores estar sin hacer nada (y no porque no me apetezca). Automáticamente mi mente me suelta cosas del tipo “deberías estar aprovechando el tiempo”, “podrías estar en el gimnasio”, “¿no te da pena estar en el sofá pudiendo estar en nosedonde o haciendo nosequé?

Lo peor es que mi mente tiene la caradura de llamarme perezosa a pesar de haberme llevado toda la mañana trabajando, haber preparado la comida de ese día, haber fregado la cocina después de comer, haber ordenado el dormitorio y haber ayudado a mi madre a unas tareas pendientes. Si un día me siento en el sofá a las 16.00 en vez de a las 21.00 ya se pone como loca buscándome planes para rellenar ese hueco e impedirme disfrutar de un rato de “no hacer absolutamente nada”.

Pero ¿sabes qué? Cada vez me cuesta menos decirle a mi mente que se vaya a tomar por culo y que me deje disfrutar de mi tiempo y de mi cuerpo. Llegar de trabajar, comer y dormirme una siesta sin sentirme mal por decidir fregar más tarde es algo que me ha costado mucho tiempo. Estoy en pleno proceso de aceptar que no tengo que hacerlo todo perfecto y ¡qué bien me está sentando!

 

Feliz semana y ya sabes, ¡desestrésate!

María

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3 comentarios

    1. Siii! La uso muchísimo, es una de mis grandes aliadas en la cocina, pero como no todo el mundo la tiene suelo subir mas recetas al estilo tradicional. Un besote y gracias por comentar

  1. Gracias por el artículo María! el cepillado en seco lo pondre en práctica seguro!! vale un cepillo de estos de la espalda?o es demasiado duro?
    Un abrazo y mil gracias por tu Blog!

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