COMO ME DESHICE DEL CAJÓN DE LOS POTINGUES + NUEVA RUTINA

No hay nada mejor que una obra-mudanza para practicar el desapego. Comprobado. Llevo días tirando cajas y cajas de cosas absurdas e inútiles que llevaba años guardando ¡no sé para que! Pero así somos, tendentes a tirar del lado del “¿y si me sirve en algún momento?”… Pero no, al final nunca sirve y a veces, incluso nos olvidamos de que eso sigue ahí, guardado y abandonado, esperando por una segunda oportunidad.

Lo que es cierto es que necesitaba deshacerme del millón de cosas guardadas que tenía almacenada en cajas, cajones y armarios. Necesitaba liberarme de ese millón de recuerdos viejos, resecos y resquebrajados. Atrapados solo con el fin de procastinar mi responsabilidad de deshacerme de ellos.

Después de leerme “La magia del orden” le preguntaba a cada objeto que me encontraba por casa: ¿Me haces feliz?

La respuesta en el 90% de las casos era NO.

Lo bueno de practicar el desapego de esta forma, es que al final le coges el gusto a deshacerte de cosas insustanciales y te das cuenta de lo poco que realmente necesitas para sentirte feliz y liberarte del absurdo dogma inculcado por el colorido marketing que nos inunda constantemente.

No me costó demasiado tirar peluches viejos, ropa anticuada o zapatos esperpénticos de mi adolescencia. El problema vino cuando abrí mi cajón de los potingues. Ay, ese cajón…

¿No te ha pasado nunca que compras, compras y compras sin pararte a pensar si realmente lo necesitas? Pues eso me pasaba a mi con maquillaje (esto es otro historia, y otro cajón aparte…) y potingues de todo tipo: crema de noche, crema de día, mascarillas, tónico para cuando me levanto, tónico para cuando me acuesto, sérum, desmaquillante de ojos, agua micelar y un largo, larguísimo etcétera de líquidos metidos en botes a precio de oro.

¿Para que narices necesitaba yo ese cajón lleno de química y siliconas artificiales?

Os aseguro que he sido fan absoluta de comprarme potingues de todos los colores y con todas las funciones posibles, pero desde hace unos meses mi afán por facilitarme la vida y ser funcional está haciendo que el minimalismo se convierta en mi forma preferida de vivir.

Me he dado cuenta de que tener la piel y el pelo cuidados no se consigue con ese trillón de ingredientes químicos, y que una buena cantidad de frutas y verduras al día tiene muchísimo más poder que una crema con antioxidantes y coenzyma Q10 de la marca más puntera. Eso si, cuidarme y darme mimos me sigue encantando. No cambio por nada una tarde de domingo con la cara pringada y dos pepinos en los ojos…

Ahora mi cajón de los potingues se ha quedado vacío (de hecho no creo que nunca más vuelva a llenarlo) y mi rutina se ha simplificado tanto tanto tanto ¡QUE ME ENCANTA!

Desmaquillante de ojos + Mascarilla de pelo: Aceite de coco

¡Bendito aceite de coco que me vuelve loca loquísima! A nivel culinario por supuesto, es uno de los mejores alimentos que podemos consumir debido al tipo de grasa que contiene, pero a nivel potinguil es una verdadera MA-RA-VI-LLA.

Lo uso como tratamiento prelavado para el pelo, cojo la cantidad necesaria para embadurnarme la melena (a veces tambien masajeo el cuero cabelludo con él), me doy un par de pasadas con el secador para que penetre mejor y me pongo una toalla alrededor de la cabeza durante unas cuantas horas.

Como desmaquillante de ojos es genial. Tan sencillo como coger un poco con los dedos y frotarme los ojos suavemente para ir deshaciendo el maquillaje. Luego con una esponja vegetal o incluso dos algodones secos retiro con cuidado y listo. No irrita nada, es rápido y más natural ¡imposible!

Exfoliante: Sal rosa y limón

No se de cuantos exfoliantes me deshice en mi batalla contra el cajón potinguil, pero ahora tengo más claro que nunca que no necesitaba ninguno.

Ahora me encanta variar con diferentes ingredientes en función de como me vea la piel, pero la base siempre suele ser la misma: sal y limón. A veces añado bicarbonato para potenciar la eliminación de manchitas antiguas, o cambio el limón por miel si necesito un extra de hidratación. Abro el limón por la mitad lo impregno de sal y me lo paso por la cara y cuello dando masajes en círculos. Muy muy básico.

Exfoliar tiene como fin arrastrar células muertas, no tiene misterio ni necesitamos mucha tecnología para lograr una buena exfoliación.

Mascarilla: Arcilla roja

Mi favorita desde hace años. La arcilla roja es un verdadero tesoro con un montón de usos, desde eliminar impurezas y revitalizar la piel, hasta fortalecer el pelo, calmar dolores musculares por su efecto activador del flujo sanguíneo o incluso aliviar las molestas varices.

Es genial para todo tipo de pieles, aunque como todas las arcillas, tiene un ligero efecto astringente que sienta mejor a las pieles grasas. Aún así, si tienes piel seca, puedes añadirle unas gotas de aceite de caléndula o aceite de rosa mosqueta de primera presión en frío.

Yo suelo hacerla con infusión de manzanilla en vez de agua, por su efecto calmante. Recuerda que la arcilla no puede manipularse con metal, y que lo mejor es usar un recipiente y una cuchara de madera, o incluso los dedos para mezclarla.

Una buena capa de arcilla, dos rodajas de pepino frio en los ojos y 20 minutos de relax con incienso en la cama… Suficiente para que te cambie la cara y el humor.

Tónico: Infusión de zajareña

Uno de mis descubrimientos más recientes: la zajareña o rabo de gato. Hierba conocida por sus efectos digestivos y por su poder cicatrizante. IMPRESIONANTE. Reconozco que fuí un poco reticente cuando me la recomendaron, porque después de probar mil cremas con glicólico, salicílico y otros inventos modernos, pensé que nada me cicatrizaría los granitos de forma tan rápida como lo hacían esas cremas ultra abrasivas. Error por mi parte desconfiar del poder tan fuerte que tiene la naturaleza en sus formas más básicas.

Esta hierba cuesta en torno a los 2€ y dura bastante. Es tan sencillo como infusionar una cucharadita en un culín de agua, dejarla reposar, colar y usar a modo de tónico con un algodón por toda la cara. Yo impregno un disco desmaquillante y me lo dejo de 10 a 15 minutos por las distintas zonas de la cara, sobre todo donde tengo marquitas recientes. Increíble el cambio que he tenido en la piel desde que la uso.

Nota: Cada vez tengo más hierbas en mi cocina, estoy descubriendo un mundo nuevo y me chifla.

Hidratante facial: Aloe vera en hoja

Voy a casarme con mi planta de aloe vera. Es el añadido más reciente a mi nueva rutina y en cuestión de días he notado un cambio brutal.

Al igual que con la zajareña, me costó bastante probarlo, pese a tener la planta desde hace más de 4 años, nunca me había dado por probar las bondades que prometía el uso del aloe vera. Me sonaba más a campaña de marketing que a otra cosa, y nunca me dió por darle otro uso que no fuera el decorativo.

No me refiero a los geles de aloe que venden en todas las tiendas de potingues o supermercados, me refiero a la planta natural, con tiesto incluído. Y repito, me parecía un engorro total meterme a usarlo, pero ahora estoy encantadiiiiiisima con el resultado y es lo mejor que he probado para mi piel desde hace mucho tiempo.

Yo corto una hoja de la planta, voy cortándole “rodajas” en sentido transversal y esa rodaja la corto en dos. Me la froto por las zonas que necesito más hidratación o incluso por toda la cara y conservo el resto de la hoja en la nevera.

Esto me lo aplico 10 minutos antes de ir a la cama, para que se absorba bien antes de acostarme y aprovechar todas sus propiedades mientras duermo. Por la mañana me lavo bien la cara con agua fria y me seco la piel con una toalla limpia. Una verdadera delicia lo tersa y lisa que me queda la piel.

Hidratante corporal: Aceite de almendras dulces

Todo un clásico que llevo usando desde los 13-14 años. Aún recuerdo el día que mi madre me llevó a la farmacia y me compró una botella de aceite de almendras dulces para que no me salieran estrías. Por esos entonces, yo no me preocupaba en absoluto de estrías, arrugas ni nada del estilo.

A día de hoy sigue siendo un básico en mi baño que no cambio por ninguna crema hidratante que vendan en ningún supermercado. Las cremas vienen cargadas de disruptores endocrinos (de esto hablaré en otro post, que da mucho de sí), de derivados del petróleo, de químicos irritantes, de silicones y perfumes innecesarios… ¿De verdad a nuestra piel le hace falta tanta porquería? Lo siento, pero lo dudo.

Yo me lo aplico después de la ducha, con la piel aún mojada, masajeando bien durante unos minutos. Luego seco conla toalla con normalidad.

Remedio exprés para granitos: Aceite de árbol de té

Conocido por todas, el aceite de árbol de té es un antibacteriano natural súper efectivo para secar granitos. También se usa como tratamiento anti piojos, hongos en las uñas, pie de atleta, picaduras de mosquitos…

Por suerte ya no necesito usarlo apenas pero es muy efectivo para granitos puntuales. Lo ideal es aplicarlo con un bastoncito o incluso con el dedo bien limpio. No recomiendo usarlo en zonas muy extensas, sólo en granitos localizados, ya que reseca bastante y puede ser agresivo para la piel.

Jabón cara y cuerpo: Jabón Lagarto

Si, jabón Lagarto de toda la vida, del que usaban nuestras abuelas (o bisabuelas más bien) para lavar la ropa. Pero que no cunda el pánico, se tiene una idea muy equivocada de lo que es el jabón Lagarto. Es lo que tiene el poder de las farmaceúticas, que se han encargado de hacernos creer que lo de toda la vida no funciona.

Para las que dudéis de la eficacia de este jabón os cuento que me lo ha recomendado personal sanitario, contándome que es el que usan en caso de heridas graves o incluso quemaduras. Además es el recomendado por los dermatólogos más coherentes en caso de piel atópica, eccema y lavado íntimo. Te sonará increíble, lo sé, como me sonó a mí cuando me lo recomendaron por primera vez.

En casa llevamos ya 6 meses usándolo a diario como jabón para la cara y el cuerpo y estoy totalmente encantada. Me ha resuelto el problema de la sequedad en codos y rodillas y me encanta la sensación de limpieza que me deja en la piel.

Seguramente sea la persona que más limpiadores faciales ha probado, no me cabe duda. Años de acné y piel grasa dan para mucho. Y me reafirmo en mi idea de que las farmacéuticas nos sacan el dinero sin solucionar el problema. Este jabón cuesta 0.99 € y en seis meses he gastado menos de dos pastillas, os aseguro que por menos de 4 € al año merece MUCHO la pena.

Yo lo uso dos veces al día, cuando me levanto y antes de irme a dormir, y de verdad, os prometo que es una pasada lo limpia que queda la piel y sin rastro de sensación de tirantez. 100% recomendado para todo tipo de pieles.

Hasta aquí mis nuevos ingredientes favoritos de limpieza y cuidado corporal. Cuando te das cuenta de que lo natural es lo que mejor funciona es una liberación absoluta. Por supuesto que la belleza externa comienza desde dentro, con lo que comes y sobre todo, con lo que piensas, pero encontrar productos naturales que nos ayuden a sentirnos bien es un verdadero gustazo.

 

Sed felices,

María

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5 comentarios

  1. Ay María, que interesante!! Me ha encantado, hay cosas que ya usaba pero otras no tenía ni idea. Lo apunto todo 🙏😊 mil gracias preciosa

  2. Hola María! Cada vez me gusta mas tu estilo de vida!! Aprendo tanto de ti… Quiero empezar a deshacerme de tanto potingue. Donde puedo comprar la Zajareña y el jabon lagarto? Me encantas!!

    1. Hola Irene, muchas gracias por tu comentario, la zajareña la compro en el herbolario y el jabón de lagarto lo tienen en cualquier droguería de barrio. Un besote!

  3. Hola María: tengo curiosidad por saber cómo has sustituido el desodorante y la pasta de dientes…ah! Y el champú!!! Muchas gracias!!! Un saludo

    1. Hola Marta! De desodorante uso una piedra de alumbre que compré hace años en el herbolario.Tampoco he desterrado (aún) todos los elementos de limpieza de mi rutina, pero si que intento buscar los que tenga ingredientes menos dañinos. Pasta de dientes uso de la marca Splat y champú el que tenga por casa en ese momento. No uso acondicionadores y procuro que mis mascarillas sean aceite de coco o manteca de karité. Un saludo y gracias por comentar!

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