ESTRATEGIAS DE SUPERVIVENCIA (O EL POST MÁS IMPERFECTO DEL MUNDO)

Nacemos sin juicios preestablecidos, sin reglas escritas y sin guiones tatuados. Nacemos vírgenes, abiertos a la vida, al mundo, al universo, siendo conscientes de nuestra grandeza, de la potencia que impregna nuestro ser por el simple hecho de estar vivos, de respirar. Nacemos con todas las posibilidades que tiene un libro en blanco. Nacemos completos, llenos de nosotros mismos, llenos de amor.

Cuando somos niños, hacemos lo que nos pide el cuerpo, lo que nos nace de lo más profundo del alma. Bailamos en el súper, gritamos de felicidad en el parque, lloramos si nos caemos y nos reímos de la cosa más boba, porque sí, porque así lo grita el cuerpo de un niño, porque así lo siente, sin pensar en nada más que lo que necesita en ese preciso momento.

Pero crecemos, inevitablemente crecemos, y lo hacemos en un entorno hostil que nos castra las emociones y la espontaneidad, nos anula esa grandeza y esas miles de posibilidades de nuestro (y solo nuestro) libro en blanco, ¿por qué? ¿qué cambia a medida que nos hacemos mayores? ¿qué hace que yo hoy sea la mujer que soy y no la niña que un día fui?

Aún recuerdo un día que la profesora me regañó, con su mejor intención, porque una redacción no estaba todo lo bien que ella quería y tenía alguna que otra falta de ortografía: “Esto no es a lo que me tienes acostumbrada María, tienes que esforzarte más para seguir sacando tan buenas notas, ¿crees que esta redacción merece una buena nota? En absoluto, te pondré un 4 para que a la próxima te esfuerces más.”

Lo vemos normal ¿no? A todos nos han regañado alguna vez por alguna cosa tonta aparentemente sin importancia. De hecho yo, desde aquel bochornoso día, me encargué que todas y cada una de mis redacciones fuesen perfectas, sin faltas de ortografía. Lo mismo hice con mis cuentas de matemáticas, mis dibujos, mis esquemas y mis exámenes… No podía permitirme flaquear lo más mínimo, ¿acaso quería otra regañina? El perfeccionismo y la competitividad conmigo misma serían mis compañeros de vida y harían que nunca más la profe tuviera quejas de lo que hacía, así ella estaría feliz y yo me sentiría querida (pero eternamente insatisfecha).

Todos hemos creado estrategias para que no nos regañaran, para que nos quisieran y para que nuestro entorno estuviese contento con nuestra actitud. Hay quien aprendió a competir hasta con una piedra para que mamá estuviese orgullosa, quien aprendió a llorar por todo para que papá le diera un abrazo extra, hay quien aprendió que complaciendo a todo el mundo se evitaría broncas… Y así un largo etcétera de lo que yo llamo “estrategias de supervivencia”, piezas de puzle que crean tu ego/personalidad y que te hacen sobrevivir a ese entorno hostil. Gracias a que me hice perfeccionista, la profesora me convirtió en su alumna favorita y nunca más me volvió a reñir.

El problema llega cuando nos encapsulamos en esas estrategias que vamos almacenando en el disco duro y nos limitamos a creer que no somos más que esas estrategias. ¿Dónde ha quedado la grandeza con la que habíamos nacido? ¿Dónde está la infinita esencia que todos llevamos dentro y que nos hace poder ser lo que queramos ser? ¿Acaso esas piezas de puzle se han hecho tan pesadas en tu vida que no te dejan expandirte hacia donde de verdad quieres?

No dudemos del universo y su imparable pulso, no dudemos de la perfección de la vida, que te lleva una y otra vez a enfrentarte a esas estrategias que un día creaste y que te están llevando a chocarte con una pared que te impide seguir y te impide mirarte desnudo en ese espejo que refleja quien eres en realidad.

La vida te empuja a soltar todo aquello que te sobra poniéndote situaciones que te hacen sentir incómodo para que te deshagas de viejos patrones que no te están llevando a ningún sitio. Día tras día nos encontramos con momentos que nos están molestando porque nos están haciendo salir de nuestra famosa “zona de confort” para que algo en nuestra cabeza haga click y nos haga despertar. A esos momentos solemos llamarlos “problemas”, pero no son más que pruebas del universo para que nos enfrentemos a viejos y oxidados dogmas que llevamos arraigados desde que un día nos lo tatúo a fuego nuestro entorno de una u otra forma.

Podemos poner resistencia y negarnos a mirar de frente lo que la vida nos está mostrando o podemos fluir con ella y nadar hasta lo más profundo de nuestro ser, a cuando éramos pequeños y nos riñeron o nos cohibieron con castigos o palabras que disfrazaron lo que realmente éramos.

Poner resistencia no hará más que empeorar la situación, haciendo el nudo más grande y creándote una intensa sensación de desasosiego y tristeza, desconectándote de quien en realidad eres.

Si la vida, por ejemplo, te pone delante un trabajo de mierda en el que te explotan, te tratan mal o una pareja que te hace daño, quizás te esté diciendo algo. Puede que sea momento de que renuncies a viejos patrones de conformismo que te han hecho aceptar y conformarte con cualquier cosa que te daban para que te quisieran y no quedarte sola. ¿Es entonces tu situación un problema o una oportunidad? ¿Te resistes a la vida aceptándolo sin más o fluyes la vida, la escuchas y te deshaces (por fin) de lo que te hace daño?

Todos somos niños heridos a los que no dejaron ser. Nos quitaron el fluir con la vida, creándonos una coraza que nos ha robado la magia del diálogo interno que traemos de fábrica, lleno de luz, lleno de fuerza y lleno de plenitud.

Nuestro entorno nos hizo creer que no éramos suficientes, que teníamos que ganarnos el amor con sudor y lágrimas, complaciendo a todo el mundo antes que a nosotros mismos. Nos hizo creer que la magia no existía y que mucho menos la llevábamos dentro como si fuese otra víscera más… Nos obligó a crear un personaje acorde al resto, para no desentonar demasiado y seguir alimentando el tóxico y envenenado modelo de sociedad que tenemos.

Ay, nuestro entorno… Tenía que hacernos creer tantas cosas, que se olvidó de decirnos que jamás perdiésemos esa magia, esa grandeza y esa potencia con la que nacemos… Creo sin duda, que es buen momento para empezar a recuperarlas.

[Post sin faltas de ortografía, pero completamente imperfecto, sin orden y escrito de forma espontánea, tal y como me iba viniendo a la mente, dedicado a esa profe que un día me regañó por no hacerle la redacción perfecta.]                                                                   

Sed felices,

María

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