COMO UN HÁMSTER EN SU RUEDA

“Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de si mismo”. Milan Kundera

¿En que momento ha pasado 2017 y yo no me he enterado? Cada día me sorprende más como el tiempo pasa a velocidades que no me da tiempo a asimilar con mis simples herramientas de humana común… Seguramente a ti también te aterre la manera en la que nos movemos por la vida, con un ritmo frenético, que más que activarnos, nos paraliza y nos genera un bloqueo mental que no hace más que alejarnos de lo esencial, de lo que somos.

En la era del furor, donde gana el que hace las cosas más rápido, somos como hamsters subidos en una gran rueda que nunca para y que sin embargo, no nos lleva a ninguna parte. Siempre corremos, más y más fuerte, pero nunca llegamos, nunca paramos, nunca descansamos satisfechos de la carrera. 

Si has estudiado una carrera, seguramente ahora quieras un máster, o peor aún, otra carrera más; con una no es suficiente. Seguramente también quieras formar una familia, pero claro, para eso habría que acabar de estudiar a toda prisa, encontrar trabajo rápido y conseguir un buen puesto antes de que las condiciones sean las óptimas. Si no has estudiado una carrera da igual, seguramente las prisas también se hayan apoderado de ti con la incansable necesidad de llegar siempre a todo.

De uno u otro modo, siempre somos esclavas del tiempo y estamos atadas a él, inevitablemente, con una cuerda que se tensa cada vez que nos relajamos y soltamos el acelerador.

Uno de los grandes lastres de nuestra década es caer en la trampa de la anhelada “organización”. Todas empezamos el año con una agenda limpia y pulcra, repleta de cuadritos en blanco esperando para ser rellenados con colores (de rotuladores de último modelo) que representan las 1001 actividades que queremos abarcar durante las próximas semanas.

Organizarte ya no es distribuirte el tiempo del que dispones, es ocuparlo al 100% con un nivel de productividad que te acerca al colapso de dos formas: si llegas, acabarás sin energía y sin haber pasado tiempo contigo misma (o con tu pareja, familia, amigos) disfrutando del sencillo placer de “ser”, si no llegas, el agobio y la culpabilidad se adueñaran de tu persona hasta que los siguientes cuadritos en blanco limpien tu conciencia. Este último suele ser el más común, porque aunque llegues a todo, siempre (siempre) queda esa odiosa sensación de “podría haber hecho más”.

La velocidad, es la otra bruja disfrazada de hada madrina. Nos toca con su varita mágica, nos enciende el turbo y no hay quien nos pare. Cuanto más rápido vayas, más cuadritos rellenas, ¡yujuuuuuuuuuuu! 

¿Pero realmente la vida va de eso? ¿De llenar cuadritos? 

Aprendemos desde pequeños a darle al ON cuando nos despertamos y al OFF cuando nos vamos a la cama. Vamos al cole, al comedor, a inglés, a ballet, a piano, a fútbol o clases de pintura… Llegamos a casa para hacer deberes, estudiar, ducharnos, cenar y ver alguna mierda de las que ponen en la (cada día más podrida) televisión. 

A medida que crecemos cambiamos el cole por el trabajo y las clases extraescolares por el millón de responsabilidades típicas de cuando creces. Empiezas a darte cuenta de que el trabajo no te deja tiempo para ver a tu madre tanto como te gustaría, o que quizás esas oposiciones que tanto necesitas para asegurarte un buen futuro no te está dejando tiempo en el presente para hacer ejercicio, ver a una amiga o simplemente sentarte 15 minutos a respirar. Descubres que tus prisas ya son parte de ti, porque necesitas ascender en ese trabajo para ganar más dinero y poder llevar a tus hijos a Disney en primavera… “Ya descansaré cuando apruebe el examen, ya quedaré con mi madre cuando no trabaje tanto, ya haré ejercicio cuando me cambien el horario, ya comeré mejor cuando tenga más tiempo…”

Tiempo… Ese es el problema, que creemos que tenemos tiempo. Que ilusos.

Lo que de verdad tenemos es un gran problema. Tú, yo, ella, la humanidad. Todos. Tenemos un gran y gravísimo problema. Vivimos pensando que correr es avanzar y que frenar nos aleja de nuestras metas ¿Cómo es posible que estemos tan equivocados? ¿En que momento algo tan sencillo como vivir se ha convertido en esto? ¿por qué nadie nos explicó las consecuencias?

Se han olvidado de contarnos que vivir así se carga nuestra salud física y mental., que cada vez hay más niños con problemas de estrés y ansiedad que mañana serán adultos con bloqueos interiores tan grandes, que crearan una sociedad envenenada, tóxica y completamente alejada de la esencia que nos caracteriza como seres únicos. Absolutamente deleznable y monstruoso.

No quiero que el mundo de nuestros hijos, nietos y bisnietos se parezca a una escena de “The walking death”, hordas de personas consumidas sin vida que no saben donde van. Me espanta lo que les espera si no nos hacemos plenamente conscientes y responsables del mundo que estamos creando.

Tienes que parar, dejar de correr y pegar un frenazo en seco si es necesario. Deja atrás el concepto obsoleto de organización y cámbialo por uno nuevo que te permita identificar lo verdaderamente necesario y esencial de tu vida, eso que hace que te expandas en todas direcciones y te llena de luz y de amor. Enfócate en el presente y olvídate del futuro. Deja atrás esas creencias arraigadas que te hacen ir cada vez más deprisa. Ahora te toca dejar paso a ramas nuevas que te impulsen hacia otra parte, más arriba, con más consciencia. 

Vamos a dejar de vivir en la superficie de nuestra propia vida y vamos zambullirnos en la magia que nos espera debajo de toda esa gruesa capa de falsas responsabilidades que llevamos años creando. Sólo tenemos una forma de parar la rueda, y es parando los pies.

Sed felices,

María

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